Artículos PT-4

Published on mayo 29th, 2014 | by Rufo

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Velando por la pureza

Al que le gusta la pureza, no le gusta una parte del flamenco, sino que le gusta el flamenco en toda su extensión, por ello ser purista es simplemente ser aficionado al flamenco. Demasiado se ha tergiversado sobre este término, tanto que su uso a día de hoy es limitado. Analizando la situación de esta palabra en el contexto de lo flamenco, dos han sido las vertientes que han hecho que su uso se realice con cautela:

-Por un lado tenemos los que aluden a la pureza como sinónimo de quietud, inmovilismo o incapacidad para crear; creyendo éstos que la pureza sólo radica en reproducir cual cacatúa el cante tal y como lo hizo fulanito. O por poner otro ejemplo más clarificador, aquellos que tachan de impuro un cante realizado por cantaores con diferentes líneas estilísticas a las afines de uno mismo.

-Por otro lado tenemos a los heterodoxos de pro, que aluden a que todo lo que se haga con sentimiento y lleve aires flamencos entra dentro del mismo lote. Y por mor de esto, y culpa de aquellos, rechazan este término exponiendo que los “puristas” no permiten evolucionar el arte flamenco. Pero claro, esta vertiente no disiente de la anterior en cuanto a lo que se entiende por pureza, tan sólo varía su posición frente a ésta.

El concepto que llevo a análisis, es mucho más simple de lo que nos han querido hacer ver algunos, y por supuesto no tiene la interpretación que algunos interesadamente le han querido dar.

Por supuesto que partimos de un mestizaje de culturas, músicas y sones que fueron los ingredientes básicos para elaborar el “caldo primigenio” del arte flamenco. Pero una vez consolidado éste, se definió a si mismo con unas características propias, una estabilidad musical, y una serie de componentes que lo convirtieron en un género con su idiosincrasia. Desde un punto de vista genético se podría decir que se estabilizó hasta convertirse en una línea pura. Obviamente para conseguir una línea pura hacen falta mezclar diferentes líneas cada una con sus características, y cuyo resultado es otra línea que aun no es pura, sino que necesita un proceso de estabilización para llegar a serlo.

No sabemos a cuando se remonta el género flamenco, pero sí podemos aproximar desde cuando es “estable”. Esto lo hacemos con algo tan tangible como los primeros registros fonográficos de cantaores que a su vez aprendieron de las generaciones anteriores. Además, esto lo apoyamos con informaciones a través de numerosos documentos de prensa. Por tanto haciendo un repaso fonográfico a lo largo de la historia flamenca, se puede apreciar claramente que es puro y lo que no lo es. La pureza radica en algo tan simple como interpretar un estilo flamenco con los componentes primitivos y que han perdurado con el paso de los años, moldeándose a las formas de los diferentes artistas en cada generación. El cante se realiza con voz, guitarra y palmas; así se ha hecho siempre a lo largo de la historia e introducir nuevos elementos musicales no hace más que introducir impureza al cante. Aun con esto, existen grabaciones antiguas y datos documentados de la utilización de otros instrumentos por parte de artistas en todas las épocas, algo que en mi opinión llega a ser nutritivo, y además algunos de los resultados son realmente geniales, pero ya no es puro; y por favor entiéndase cuando digo impureza o no puro como algo no peyorativo. No sigamos tergiversando para caer en la discusión fácil.

Explorar e introducir otros instrumentos se ha hecho siempre, pero no por cantar La Trini o Caracol con un piano justificamos que eso es puro. Puede ser un acierto, eso no es discutible, incluso una interpretación magna, pero no es tan puro como hacerlo con guitarra. Tamaña tontería. Esto sería como aceptar que acompañar con guitarra eléctrica es tan puro como hacerlo con la española tan sólo porque Ramón Montoya hubiere acompañado alguna vez de tal forma el cante. Absurdo.

Las notas musicales de un piano, un violín o cualquier otro instrumento pueden ser las mismas que las de una sonanta, pero por más flamencura que tenga el músico, nunca podrá tener el color con el que pinta la guitarra. Puedes dibujar con diferentes colores las mismas formas, pero el color del flamenco se pinta con guitarra.

No voy a poner en duda a artistas de la talla de Dorantes o Ramón Amador, dos auténticos fenómenos del piano, y flamencos hasta la médula, pero la textura del piano jamás podrá ser tan flamenca como la textura de la guitarra. Mismo caso ocurre con el cajón, donde hay verdaderos especialistas, pero me parecen en la mayoría de los casos una interferencia entre el cante y el que lo escucha. Es un sonido que jamás relaciono con lo flamenco. Ésta, es una opinión muy personal, ya que el elemento de la percusión ha estado siempre presente, ya fuere mediante bastones contra el suelo o golpeando las cañas de manzanilla en aquellos cafés de finales de siglo XIX. Pero el caso del cajón, por lo menos en la mayoría de mis experiencias, casi siempre ha supuesto un elemento innecesario en un recital de cante, no así en conciertos solistas de guitarra o como apoyo al baile.

Otro tópico de lo más extendido es el de decir que si el cantaor es de primera fila, todo lo que haga es “puro”. Gran mentira. Lo puro es el flamenco, el cantaor es puro siempre, pero el resultado de su cante si se adereza con otros condimentos ajenos al flamenco no es puro.

Siguiendo con las grandes falacias del flamenco, parece haber gente empeñada en asociar el término “pureza” a Antonio Mairena, cuando existen referencias al uso de este término por parte de grandísimos cantaores de todas las épocas. Chacón sin ir más lejos decía que los cantes más puros eran la tona y la liviana. En todas las épocas del flamenco se ha hablado de lo puro, por ello no hay que rehusar el término. Los “progres” del flamenco asocian este palabro con talibanes inmovilistas del flamenco que impiden evolucionar un arte vivo. Nada más lejos de la realidad, el arte sigue vivo, esperando que lleguen artistas y creen nuevos estilos, nuevas melodías, eso sí sin renunciar a la pureza.

Con este intento por mi parte de acotar el término en cuestión no trato de minusvalorar lo que no es puro. Ni mucho menos. Tan sólo distinguirlo de lo que no lo es. El artista que explora otros terrenos y tiene inquietudes musicales distintas no puede ser tratado por hereje, y por supuesto tiene todos mis respetos. Sin estos artistas que salen de lo ortodoxo y exploran otras músicas, otros sonidos y otras aportaciones instrumentales no se hubieran concebido obras de referencia como La Leyenda del Tiempo de Camarón, las zambras de Caracol, el Omega de Morente, la magna colaboración de Sabicas con Joe Beck y tantas joyas musicales con el flamenco como base o parte importante.


Velar en favor de la pureza es velar en favor del flamenco
, sin cerrar la puerta de lo inexplorado, pero eso sí, llamando a cada cosa por su nombre.


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